Coordina el archivo desde 2016 y define qué colecciones entran al catálogo. Antes trabajó en radios comunitarias del Valle de Lerma, donde aprendió a grabar con viento cruzado y sin cortar la conversación de la gente.
Se ocupa de los registros en ríos y quebradas. Usa hidrófonos artesanales y suele esperar la madrugada porque el caudal suena distinto cuando no hay tránsito en la ruta. Lleva más de sesenta salidas documentadas en la colección Ríos y Aguas del Norte.
Ordena cada pista con metadatos de fecha, hora, clima y coordenadas. Su trabajo permite comparar la misma esquina del mercado en enero y en agosto, algo que sin fichas sería imposible de rastrear.
Conversa con las organizaciones antes de cada grabación y redacta los acuerdos de uso. Buena parte de las fiestas tradicionales del archivo se registraron solo después de que él explicara, en asamblea, para qué se usaría el material.
Prepara las versiones que se publican en el Mapa Sonoro y arma los textos de contexto de cada pieza. También revisa que ninguna grabación salga sin la autorización correspondiente firmada.
El Archivo Sonoro del Norte nació en Salta con una idea simple y bastante terrenal: los sonidos de los pueblos y los paisajes rurales se pierden antes que las imágenes. Un mercado que cambia de horario, un río que modifica su cauce, una fiesta que se celebra distinto cada año. Registramos eso mientras todavía suena. Trabajamos con equipos portátiles, mucho tiempo de espera y acuerdos previos con cada comunidad. No grabamos de apuro ni publicamos material sin devolverlo antes a quienes lo hicieron posible.
El archivo sirve tanto a un etnomusicólogo que busca coplas de carnaval como a una maestra que quiere mostrarle a sus alumnos cómo suena el río Bermejo en enero. También a las propias comunidades, que muchas veces no tienen un registro propio de sus celebraciones. Todo el material se cataloga con fecha, lugar, coordenadas aproximadas y contexto de grabación, para que pueda citarse y estudiarse.
Antes de encender cualquier grabador hablamos con las personas involucradas: qué se puede registrar, qué queda afuera y quién decide sobre el material. En ceremonias íntimas, esa conversación suele terminar en un registro mínimo o directamente en ninguna toma. Lo asumimos como parte del trabajo, no como una limitación. El protocolo completo se cuenta en la sección Participá.
Viajamos a los parajes, esperamos las horas en que el sonido aparece y volvemos varias veces al mismo punto para comparar estaciones. Esa insistencia es lo que permite armar series como la del mercado San Miguel a las seis de la mañana o el mismo tramo de río en verano y en invierno. Ninguna de esas tomas se consigue en una sola visita.
Escribimos y hablamos como lo haría cualquier vecino que conoce el terreno: sin grandilocuencia, con nombres propios, con las dificultades a la vista. Si una grabación salió con ruido de fondo, lo decimos. Si un permiso no se consiguió, también. Esa honestidad es parte de lo que hace confiable al archivo.
Lo que sostiene el archivo cuando cambian los equipos, los financiamientos y las personas que graban.
Llegamos a un paraje, a una estación o a un mercado con los micrófonos apagados. Primero caminamos, preguntamos quién vive ahí, a qué hora pasa el tren, cuándo abre el puesto. Recién después se decide qué se graba. La mayoría de las tomas que quedan en el archivo son las que nadie pidió: el carro que cruza, la radio de fondo, un perro que ladra a lo lejos. Eso también es el paisaje.
Efecto: las grabaciones dejan de sonar a postal y empiezan a sonar a lugar habitado.Antes de encender cualquier equipo hablamos con la comunidad, la familia o el puestero. Explicamos para qué se graba, dónde va a quedar el material y quién va a poder escucharlo. Hay ceremonias que no se registran y eso no se negocia. Cuando alguien pide que se borre una toma, se borra, aunque ya esté catalogada.
Efecto: quien presta su voz sabe exactamente qué pasa con ella después.Cada archivo se guarda con fecha, hora, coordenadas, tipo de micrófono y una nota de campo escrita a mano. Sin eso, un sonido de río no dice nada. Con eso, se puede comparar el mismo tramo del Bermejo en enero y en julio, o entender por qué un mercado suena distinto un martes que un sábado. La ficha es tan importante como el registro.
Efecto: el material sirve para investigar, enseñar y volver a escuchar años después.Una copia del material vuelve a la escuela, a la biblioteca o a la radio del pueblo donde se grabó. También organizamos escuchas abiertas para que la gente reconozca su propio paisaje sonoro. El archivo no es un depósito cerrado: circula, se comparte y se discute en el mismo lugar donde se tomó.
Efecto: la comunidad deja de ser objeto del registro y pasa a ser parte del archivo.