Archivo Sonoro Norte
Dirección y curaduría

Adriana Lopez Alvarez

Coordina el archivo desde 2016 y define qué colecciones entran al catálogo. Antes trabajó en radios comunitarias del Valle de Lerma, donde aprendió a grabar con viento cruzado y sin cortar la conversación de la gente.

Grabación de campo

Martin Romero Mendoza

Se ocupa de los registros en ríos y quebradas. Usa hidrófonos artesanales y suele esperar la madrugada porque el caudal suena distinto cuando no hay tránsito en la ruta. Lleva más de sesenta salidas documentadas en la colección Ríos y Aguas del Norte.

Archivo y catalogación

Teresa Hernandez Mendoza

Ordena cada pista con metadatos de fecha, hora, clima y coordenadas. Su trabajo permite comparar la misma esquina del mercado en enero y en agosto, algo que sin fichas sería imposible de rastrear.

Vínculo con comunidades

Roberto Lopez Reyes

Conversa con las organizaciones antes de cada grabación y redacta los acuerdos de uso. Buena parte de las fiestas tradicionales del archivo se registraron solo después de que él explicara, en asamblea, para qué se usaría el material.

Edición y difusión

Daniela Torres Vargas

Prepara las versiones que se publican en el Mapa Sonoro y arma los textos de contexto de cada pieza. También revisa que ninguna grabación salga sin la autorización correspondiente firmada.

Quiénes sostienen el archivo y con qué criterio se graba

El Archivo Sonoro del Norte nació en Salta con una idea simple y bastante terrenal: los sonidos de los pueblos y los paisajes rurales se pierden antes que las imágenes. Un mercado que cambia de horario, un río que modifica su cauce, una fiesta que se celebra distinto cada año. Registramos eso mientras todavía suena. Trabajamos con equipos portátiles, mucho tiempo de espera y acuerdos previos con cada comunidad. No grabamos de apuro ni publicamos material sin devolverlo antes a quienes lo hicieron posible.

Lo que sostiene el archivo cuando cambian los equipos, los financiamientos y las personas que graban.

Por qué grabamos y cómo lo hacemos

Escuchar antes que editar

Llegamos a un paraje, a una estación o a un mercado con los micrófonos apagados. Primero caminamos, preguntamos quién vive ahí, a qué hora pasa el tren, cuándo abre el puesto. Recién después se decide qué se graba. La mayoría de las tomas que quedan en el archivo son las que nadie pidió: el carro que cruza, la radio de fondo, un perro que ladra a lo lejos. Eso también es el paisaje.

Efecto: las grabaciones dejan de sonar a postal y empiezan a sonar a lugar habitado.

El permiso primero

Antes de encender cualquier equipo hablamos con la comunidad, la familia o el puestero. Explicamos para qué se graba, dónde va a quedar el material y quién va a poder escucharlo. Hay ceremonias que no se registran y eso no se negocia. Cuando alguien pide que se borre una toma, se borra, aunque ya esté catalogada.

Efecto: quien presta su voz sabe exactamente qué pasa con ella después.

Contexto, no solo audio

Cada archivo se guarda con fecha, hora, coordenadas, tipo de micrófono y una nota de campo escrita a mano. Sin eso, un sonido de río no dice nada. Con eso, se puede comparar el mismo tramo del Bermejo en enero y en julio, o entender por qué un mercado suena distinto un martes que un sábado. La ficha es tan importante como el registro.

Efecto: el material sirve para investigar, enseñar y volver a escuchar años después.

Devolver al lugar

Una copia del material vuelve a la escuela, a la biblioteca o a la radio del pueblo donde se grabó. También organizamos escuchas abiertas para que la gente reconozca su propio paisaje sonoro. El archivo no es un depósito cerrado: circula, se comparte y se discute en el mismo lugar donde se tomó.

Efecto: la comunidad deja de ser objeto del registro y pasa a ser parte del archivo.
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