Cómo se graba un mercado antes de que llegue el público
Tres madrugadas seguidas en el Mercado San Miguel. Entramos cuando todavía no hay clientes y el edificio pertenece a quienes lo trabajan: los puesteros, los carros, el agua corriendo en los lavaderos. Esa media hora previa a la apertura tiene un sonido propio que no se repite después.
El primer problema no fue el viento ni la lluvia, fue la avenida. El tránsito continuo sobre la calle de afuera se cuela por todos lados y tapa las voces bajas. Tuvimos que pasar a micrófonos direccionales y aprender a esperar: cuando un camión frena, cuando una conversación se corta, cuando alguien deja de arrastrar un cajón. Las pausas naturales del lugar son el mejor estudio de grabación que hay.
Lo que quedó registrado es más doméstico de lo que esperábamos. El mate que circula de mano en mano, el comentario sobre el precio de la acelga, el ruido metálico de una persiana que sube. Nada de eso está en la superficie del mercado cuando abre al público, y sin embargo es lo que sostiene la jornada entera.
El material forma parte de la colección Mercados del Norte y ya se puede escuchar en el Mapa Sonoro. La idea es sumar otros mercados de la provincia con la misma lógica: grabar antes de que el lugar se convierta en lo que los visitantes creen que es.
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